Soy la suma de mis pasos y de mis tormentas,
del hombre que observa el mundo con ojos críticos,
y del escritor que lo reconstruye con palabras nuevas.
Soy la voz que se sienta frente al papel para desarmar al tiempo,
para desnudar las sombras de la historia,
y para recordar que la esperanza también puede ser arquitectura.
No he vivido sin preguntas,
porque en cada duda he encontrado la raíz de una verdad escondida.
No he amado sin intensidad,
aunque a veces mis brazos han quedado vacíos,
y en ese vacío he comprendido lo frágil y lo indomable del alma humana.
Mis metas no son conquistas huecas,
sino huellas que deseo dejar en la arena de los días:
historias que sobrevivan al olvido,
palabras que respiren cuando yo ya no esté,
y horizontes que mi nieto —mis anclas y mis veleros—
puedan navegar sin miedo al naufragio.
Pienso con la lógica del que ha visto el poder y su ruina,
del que ha descifrado la soberbia de los imperios
y la pequeñez del hombre que se cree dueño del universo.
Creo en la poesía de lo simple,
en la dignidad de una mesa compartida,
en la música que nace del silencio
y en la justicia que aún se atreve a soñar.
Soy un hombre que no se conforma con describir el mundo:
quiero transformarlo, palabra tras palabra,
verdad tras verdad,
con la certeza de que la memoria no es carga,
sino semilla.
Gustavo Luna 28/08/2025
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