Getting your Trinity Audio player ready…

La ciencia puede decirme cómo funciona mi cerebro. Puede describir cómo entra la luz por mis ojos, cómo se convierte en impulsos eléctricos y cómo mi cerebro arma una imagen con todo eso. Esa parte es sencilla: son datos, rutas, señales que se encienden y se apagan.

Pero lo que nadie ha podido explicar es por qué se siente.
Por qué un atardecer no es solo energía golpeando la retina,
sino algo que me mueve por dentro,
como si el mundo me hablara sin una sola palabra.

Ahí está la verdadera brecha:
la distancia entre las neuronas haciendo su trabajo
y la experiencia completa de ser.
El famoso problema difícil de la conciencia.
Porque por más profundo que uno vaya dentro del cerebro,
solo encuentra más neuronas, más actividad, más circuitos…
pero nunca aparece el que observa.
Nunca aparece el “yo”.

Ninguna máquina, ninguna teoría,
ha logrado atrapar esa sensación interna
de ser el que está detrás de los ojos.

Y tal vez sea porque la conciencia
no es algo que el cerebro fabrica,
sino algo que el universo experimenta a través de mí.

Una manera silenciosa
en la que la existencia se reconoce a sí misma
con mi mirada,
con mi pensamiento,
con mi presencia.

Getting your Trinity Audio player ready…

La ciencia puede decirme cómo funciona mi cerebro. Puede describir cómo entra la luz por mis ojos, cómo se convierte en impulsos eléctricos y cómo mi cerebro arma una imagen con todo eso. Esa parte es sencilla: son datos, rutas, señales que se encienden y se apagan.

Pero lo que nadie ha podido explicar es por qué se siente.
Por qué un atardecer no es solo energía golpeando la retina,
sino algo que me mueve por dentro,
como si el mundo me hablara sin una sola palabra.

Ahí está la verdadera brecha:
la distancia entre las neuronas haciendo su trabajo
y la experiencia completa de ser.
El famoso problema difícil de la conciencia.
Porque por más profundo que uno vaya dentro del cerebro,
solo encuentra más neuronas, más actividad, más circuitos…
pero nunca aparece el que observa.
Nunca aparece el “yo”.

Ninguna máquina, ninguna teoría,
ha logrado atrapar esa sensación interna
de ser el que está detrás de los ojos.

Y tal vez sea porque la conciencia
no es algo que el cerebro fabrica,
sino algo que el universo experimenta a través de mí.

Una manera silenciosa
en la que la existencia se reconoce a sí misma
con mi mirada,
con mi pensamiento,
con mi presencia.

Getting your Trinity Audio player ready…

La ciencia puede decirme cómo funciona mi cerebro. Puede describir cómo entra la luz por mis ojos, cómo se convierte en impulsos eléctricos y cómo mi cerebro arma una imagen con todo eso. Esa parte es sencilla: son datos, rutas, señales que se encienden y se apagan.

Pero lo que nadie ha podido explicar es por qué se siente.
Por qué un atardecer no es solo energía golpeando la retina,
sino algo que me mueve por dentro,
como si el mundo me hablara sin una sola palabra.

Ahí está la verdadera brecha:
la distancia entre las neuronas haciendo su trabajo
y la experiencia completa de ser.
El famoso problema difícil de la conciencia.
Porque por más profundo que uno vaya dentro del cerebro,
solo encuentra más neuronas, más actividad, más circuitos…
pero nunca aparece el que observa.
Nunca aparece el “yo”.

Ninguna máquina, ninguna teoría,
ha logrado atrapar esa sensación interna
de ser el que está detrás de los ojos.

Y tal vez sea porque la conciencia
no es algo que el cerebro fabrica,
sino algo que el universo experimenta a través de mí.

Una manera silenciosa
en la que la existencia se reconoce a sí misma
con mi mirada,
con mi pensamiento,
con mi presencia.

Gustavo Luna

Contacto

Diseñado con WordPress

Gustavo Luna

Contacto

Diseñado con WordPress

Getting your Trinity Audio player ready…

La ciencia puede decirme cómo funciona mi cerebro. Puede describir cómo entra la luz por mis ojos, cómo se convierte en impulsos eléctricos y cómo mi cerebro arma una imagen con todo eso. Esa parte es sencilla: son datos, rutas, señales que se encienden y se apagan.

Pero lo que nadie ha podido explicar es por qué se siente.
Por qué un atardecer no es solo energía golpeando la retina,
sino algo que me mueve por dentro,
como si el mundo me hablara sin una sola palabra.

Ahí está la verdadera brecha:
la distancia entre las neuronas haciendo su trabajo
y la experiencia completa de ser.
El famoso problema difícil de la conciencia.
Porque por más profundo que uno vaya dentro del cerebro,
solo encuentra más neuronas, más actividad, más circuitos…
pero nunca aparece el que observa.
Nunca aparece el “yo”.

Ninguna máquina, ninguna teoría,
ha logrado atrapar esa sensación interna
de ser el que está detrás de los ojos.

Y tal vez sea porque la conciencia
no es algo que el cerebro fabrica,
sino algo que el universo experimenta a través de mí.

Una manera silenciosa
en la que la existencia se reconoce a sí misma
con mi mirada,
con mi pensamiento,
con mi presencia.

Getting your Trinity Audio player ready…

La ciencia puede decirme cómo funciona mi cerebro. Puede describir cómo entra la luz por mis ojos, cómo se convierte en impulsos eléctricos y cómo mi cerebro arma una imagen con todo eso. Esa parte es sencilla: son datos, rutas, señales que se encienden y se apagan.

Pero lo que nadie ha podido explicar es por qué se siente.
Por qué un atardecer no es solo energía golpeando la retina,
sino algo que me mueve por dentro,
como si el mundo me hablara sin una sola palabra.

Ahí está la verdadera brecha:
la distancia entre las neuronas haciendo su trabajo
y la experiencia completa de ser.
El famoso problema difícil de la conciencia.
Porque por más profundo que uno vaya dentro del cerebro,
solo encuentra más neuronas, más actividad, más circuitos…
pero nunca aparece el que observa.
Nunca aparece el “yo”.

Ninguna máquina, ninguna teoría,
ha logrado atrapar esa sensación interna
de ser el que está detrás de los ojos.

Y tal vez sea porque la conciencia
no es algo que el cerebro fabrica,
sino algo que el universo experimenta a través de mí.

Una manera silenciosa
en la que la existencia se reconoce a sí misma
con mi mirada,
con mi pensamiento,
con mi presencia.

Getting your Trinity Audio player ready…

La ciencia puede decirme cómo funciona mi cerebro. Puede describir cómo entra la luz por mis ojos, cómo se convierte en impulsos eléctricos y cómo mi cerebro arma una imagen con todo eso. Esa parte es sencilla: son datos, rutas, señales que se encienden y se apagan.

Pero lo que nadie ha podido explicar es por qué se siente.
Por qué un atardecer no es solo energía golpeando la retina,
sino algo que me mueve por dentro,
como si el mundo me hablara sin una sola palabra.

Ahí está la verdadera brecha:
la distancia entre las neuronas haciendo su trabajo
y la experiencia completa de ser.
El famoso problema difícil de la conciencia.
Porque por más profundo que uno vaya dentro del cerebro,
solo encuentra más neuronas, más actividad, más circuitos…
pero nunca aparece el que observa.
Nunca aparece el “yo”.

Ninguna máquina, ninguna teoría,
ha logrado atrapar esa sensación interna
de ser el que está detrás de los ojos.

Y tal vez sea porque la conciencia
no es algo que el cerebro fabrica,
sino algo que el universo experimenta a través de mí.

Una manera silenciosa
en la que la existencia se reconoce a sí misma
con mi mirada,
con mi pensamiento,
con mi presencia.

Descubre más desde Gustavo Luna

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo