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No lo sueltes.

No se suelta la voz
que nos enseñó a levantarnos,
ni las manos
que alguna vez nos sostuvieron el mundo
cuando éramos pequeños y teníamos miedo.

No se suelta una risa
que todavía resuena en los rincones de la casa,
ni las palabras sencillas
que con los años
terminan convirtiéndose en la brújula de la vida.

Tu padre no se ha ido del todo.
Ahora vive de otra manera.

Vive en los gestos que heredaste sin darte cuenta,
en la forma en que hablas,
en la manera en que amas,
en el silencio que guardas cuando piensas en él,
en cada recuerdo que regresa
como una luz suave en medio de la tristeza.

Aférrate a todo eso.
Aférrate a sus enseñanzas,
a sus errores,
a sus abrazos,
a sus consejos,
a las veces que te hizo reír
y también a las veces que te hizo fuerte.

Porque un hombre no muere
cuando deja este mundo.

Muere solamente
cuando se extingue su recuerdo,
cuando nadie vuelve a pensar en él,
cuando su nombre deja de habitar
los labios y el corazón de quienes lo amaron.

Y mientras tú lo recuerdes,
mientras habite en tu memoria,
tu padre seguirá vivo
con la misma intensidad
con la que alguna vez caminó siendo joven,
con sueños en el pecho
y vida en los ojos.

El dolor de hoy
no es el final del amor.
Es la prueba de que ese amor fue real,
profundo,
inmenso.

Y aunque el tiempo aprenderá
a volver más silenciosa la tristeza,
habrá días en los que sentirás que vuelve,
como el mar regresa siempre a la orilla.

No le temas a eso.

Porque en cada lágrima
también viene él a visitarte.

Y mientras siga viviendo dentro de ti,
jamás estará verdaderamente ausente.

Gustavo Luna.

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No lo sueltes.

No se suelta la voz
que nos enseñó a levantarnos,
ni las manos
que alguna vez nos sostuvieron el mundo
cuando éramos pequeños y teníamos miedo.

No se suelta una risa
que todavía resuena en los rincones de la casa,
ni las palabras sencillas
que con los años
terminan convirtiéndose en la brújula de la vida.

Tu padre no se ha ido del todo.
Ahora vive de otra manera.

Vive en los gestos que heredaste sin darte cuenta,
en la forma en que hablas,
en la manera en que amas,
en el silencio que guardas cuando piensas en él,
en cada recuerdo que regresa
como una luz suave en medio de la tristeza.

Aférrate a todo eso.
Aférrate a sus enseñanzas,
a sus errores,
a sus abrazos,
a sus consejos,
a las veces que te hizo reír
y también a las veces que te hizo fuerte.

Porque un hombre no muere
cuando deja este mundo.

Muere solamente
cuando se extingue su recuerdo,
cuando nadie vuelve a pensar en él,
cuando su nombre deja de habitar
los labios y el corazón de quienes lo amaron.

Y mientras tú lo recuerdes,
mientras habite en tu memoria,
tu padre seguirá vivo
con la misma intensidad
con la que alguna vez caminó siendo joven,
con sueños en el pecho
y vida en los ojos.

El dolor de hoy
no es el final del amor.
Es la prueba de que ese amor fue real,
profundo,
inmenso.

Y aunque el tiempo aprenderá
a volver más silenciosa la tristeza,
habrá días en los que sentirás que vuelve,
como el mar regresa siempre a la orilla.

No le temas a eso.

Porque en cada lágrima
también viene él a visitarte.

Y mientras siga viviendo dentro de ti,
jamás estará verdaderamente ausente.

Gustavo Luna.

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No lo sueltes.

No se suelta la voz
que nos enseñó a levantarnos,
ni las manos
que alguna vez nos sostuvieron el mundo
cuando éramos pequeños y teníamos miedo.

No se suelta una risa
que todavía resuena en los rincones de la casa,
ni las palabras sencillas
que con los años
terminan convirtiéndose en la brújula de la vida.

Tu padre no se ha ido del todo.
Ahora vive de otra manera.

Vive en los gestos que heredaste sin darte cuenta,
en la forma en que hablas,
en la manera en que amas,
en el silencio que guardas cuando piensas en él,
en cada recuerdo que regresa
como una luz suave en medio de la tristeza.

Aférrate a todo eso.
Aférrate a sus enseñanzas,
a sus errores,
a sus abrazos,
a sus consejos,
a las veces que te hizo reír
y también a las veces que te hizo fuerte.

Porque un hombre no muere
cuando deja este mundo.

Muere solamente
cuando se extingue su recuerdo,
cuando nadie vuelve a pensar en él,
cuando su nombre deja de habitar
los labios y el corazón de quienes lo amaron.

Y mientras tú lo recuerdes,
mientras habite en tu memoria,
tu padre seguirá vivo
con la misma intensidad
con la que alguna vez caminó siendo joven,
con sueños en el pecho
y vida en los ojos.

El dolor de hoy
no es el final del amor.
Es la prueba de que ese amor fue real,
profundo,
inmenso.

Y aunque el tiempo aprenderá
a volver más silenciosa la tristeza,
habrá días en los que sentirás que vuelve,
como el mar regresa siempre a la orilla.

No le temas a eso.

Porque en cada lágrima
también viene él a visitarte.

Y mientras siga viviendo dentro de ti,
jamás estará verdaderamente ausente.

Gustavo Luna.

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No se suelta la voz
que nos enseñó a levantarnos,
ni las manos
que alguna vez nos sostuvieron el mundo
cuando éramos pequeños y teníamos miedo.

No se suelta una risa
que todavía resuena en los rincones de la casa,
ni las palabras sencillas
que con los años
terminan convirtiéndose en la brújula de la vida.

Tu padre no se ha ido del todo.
Ahora vive de otra manera.

Vive en los gestos que heredaste sin darte cuenta,
en la forma en que hablas,
en la manera en que amas,
en el silencio que guardas cuando piensas en él,
en cada recuerdo que regresa
como una luz suave en medio de la tristeza.

Aférrate a todo eso.
Aférrate a sus enseñanzas,
a sus errores,
a sus abrazos,
a sus consejos,
a las veces que te hizo reír
y también a las veces que te hizo fuerte.

Porque un hombre no muere
cuando deja este mundo.

Muere solamente
cuando se extingue su recuerdo,
cuando nadie vuelve a pensar en él,
cuando su nombre deja de habitar
los labios y el corazón de quienes lo amaron.

Y mientras tú lo recuerdes,
mientras habite en tu memoria,
tu padre seguirá vivo
con la misma intensidad
con la que alguna vez caminó siendo joven,
con sueños en el pecho
y vida en los ojos.

El dolor de hoy
no es el final del amor.
Es la prueba de que ese amor fue real,
profundo,
inmenso.

Y aunque el tiempo aprenderá
a volver más silenciosa la tristeza,
habrá días en los que sentirás que vuelve,
como el mar regresa siempre a la orilla.

No le temas a eso.

Porque en cada lágrima
también viene él a visitarte.

Y mientras siga viviendo dentro de ti,
jamás estará verdaderamente ausente.

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que nos enseñó a levantarnos,
ni las manos
que alguna vez nos sostuvieron el mundo
cuando éramos pequeños y teníamos miedo.

No se suelta una risa
que todavía resuena en los rincones de la casa,
ni las palabras sencillas
que con los años
terminan convirtiéndose en la brújula de la vida.

Tu padre no se ha ido del todo.
Ahora vive de otra manera.

Vive en los gestos que heredaste sin darte cuenta,
en la forma en que hablas,
en la manera en que amas,
en el silencio que guardas cuando piensas en él,
en cada recuerdo que regresa
como una luz suave en medio de la tristeza.

Aférrate a todo eso.
Aférrate a sus enseñanzas,
a sus errores,
a sus abrazos,
a sus consejos,
a las veces que te hizo reír
y también a las veces que te hizo fuerte.

Porque un hombre no muere
cuando deja este mundo.

Muere solamente
cuando se extingue su recuerdo,
cuando nadie vuelve a pensar en él,
cuando su nombre deja de habitar
los labios y el corazón de quienes lo amaron.

Y mientras tú lo recuerdes,
mientras habite en tu memoria,
tu padre seguirá vivo
con la misma intensidad
con la que alguna vez caminó siendo joven,
con sueños en el pecho
y vida en los ojos.

El dolor de hoy
no es el final del amor.
Es la prueba de que ese amor fue real,
profundo,
inmenso.

Y aunque el tiempo aprenderá
a volver más silenciosa la tristeza,
habrá días en los que sentirás que vuelve,
como el mar regresa siempre a la orilla.

No le temas a eso.

Porque en cada lágrima
también viene él a visitarte.

Y mientras siga viviendo dentro de ti,
jamás estará verdaderamente ausente.

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que nos enseñó a levantarnos,
ni las manos
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cuando éramos pequeños y teníamos miedo.

No se suelta una risa
que todavía resuena en los rincones de la casa,
ni las palabras sencillas
que con los años
terminan convirtiéndose en la brújula de la vida.

Tu padre no se ha ido del todo.
Ahora vive de otra manera.

Vive en los gestos que heredaste sin darte cuenta,
en la forma en que hablas,
en la manera en que amas,
en el silencio que guardas cuando piensas en él,
en cada recuerdo que regresa
como una luz suave en medio de la tristeza.

Aférrate a todo eso.
Aférrate a sus enseñanzas,
a sus errores,
a sus abrazos,
a sus consejos,
a las veces que te hizo reír
y también a las veces que te hizo fuerte.

Porque un hombre no muere
cuando deja este mundo.

Muere solamente
cuando se extingue su recuerdo,
cuando nadie vuelve a pensar en él,
cuando su nombre deja de habitar
los labios y el corazón de quienes lo amaron.

Y mientras tú lo recuerdes,
mientras habite en tu memoria,
tu padre seguirá vivo
con la misma intensidad
con la que alguna vez caminó siendo joven,
con sueños en el pecho
y vida en los ojos.

El dolor de hoy
no es el final del amor.
Es la prueba de que ese amor fue real,
profundo,
inmenso.

Y aunque el tiempo aprenderá
a volver más silenciosa la tristeza,
habrá días en los que sentirás que vuelve,
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