Hay caminos que se bifurcan y despedidas que nunca encuentran su momento. A lo largo de los años, la vida me ha enseñado que el destino a veces no da permiso para volver a vernos, ni siquiera para decir adiós como nos gustaría.
He buscado a muchos, a veces sin respuesta, y he aprendido que el silencio también es una forma de despedirse. La distancia, el tiempo, la rutina… nos apartan sin darnos cuenta, y cuando queremos regresar, el reloj ya no lo permite.
Si alguna vez piensas en mí y quisieras despedirte, hazlo hoy, mientras estamos vivos, aunque sea en el pensamiento. Cuando mi cuerpo regrese a la tierra, no busquen en la ausencia un lugar para el adiós; la esencia de lo que fui ya no estará ahí. Prefiero que, en vez de flores sobre una tumba, me recuerden en una carcajada, en un buen recuerdo, en algún instante sencillo donde la vida nos cruzó.
No quiero funeral, ni ataúd, ni despedidas que lleguen tarde. Quiero volver a la naturaleza en silencio, como regresan los ríos al mar: sin hacer ruido, pero dejando huella.
Si alguna vez sentiste que te hizo falta decirme algo, háblame en el viento, en tus recuerdos.
Así, aunque no podamos volver a vernos, la despedida ya estará completa.
Hay caminos que se bifurcan y despedidas que nunca encuentran su momento. A lo largo de los años, la vida me ha enseñado que el destino a veces no da permiso para volver a vernos, ni siquiera para decir adiós como nos gustaría.
He buscado a muchos, a veces sin respuesta, y he aprendido que el silencio también es una forma de despedirse. La distancia, el tiempo, la rutina… nos apartan sin darnos cuenta, y cuando queremos regresar, el reloj ya no lo permite.
Si alguna vez piensas en mí y quisieras despedirte, hazlo hoy, mientras estamos vivos, aunque sea en el pensamiento. Cuando mi cuerpo regrese a la tierra, no busquen en la ausencia un lugar para el adiós; la esencia de lo que fui ya no estará ahí. Prefiero que, en vez de flores sobre una tumba, me recuerden en una carcajada, en un buen recuerdo, en algún instante sencillo donde la vida nos cruzó.
No quiero funeral, ni ataúd, ni despedidas que lleguen tarde. Quiero volver a la naturaleza en silencio, como regresan los ríos al mar: sin hacer ruido, pero dejando huella.
Si alguna vez sentiste que te hizo falta decirme algo, háblame en el viento, en tus recuerdos.
Así, aunque no podamos volver a vernos, la despedida ya estará completa.
Hay caminos que se bifurcan y despedidas que nunca encuentran su momento. A lo largo de los años, la vida me ha enseñado que el destino a veces no da permiso para volver a vernos, ni siquiera para decir adiós como nos gustaría.
He buscado a muchos, a veces sin respuesta, y he aprendido que el silencio también es una forma de despedirse. La distancia, el tiempo, la rutina… nos apartan sin darnos cuenta, y cuando queremos regresar, el reloj ya no lo permite.
Si alguna vez piensas en mí y quisieras despedirte, hazlo hoy, mientras estamos vivos, aunque sea en el pensamiento. Cuando mi cuerpo regrese a la tierra, no busquen en la ausencia un lugar para el adiós; la esencia de lo que fui ya no estará ahí. Prefiero que, en vez de flores sobre una tumba, me recuerden en una carcajada, en un buen recuerdo, en algún instante sencillo donde la vida nos cruzó.
No quiero funeral, ni ataúd, ni despedidas que lleguen tarde. Quiero volver a la naturaleza en silencio, como regresan los ríos al mar: sin hacer ruido, pero dejando huella.
Si alguna vez sentiste que te hizo falta decirme algo, háblame en el viento, en tus recuerdos.
Así, aunque no podamos volver a vernos, la despedida ya estará completa.
Hay caminos que se bifurcan y despedidas que nunca encuentran su momento. A lo largo de los años, la vida me ha enseñado que el destino a veces no da permiso para volver a vernos, ni siquiera para decir adiós como nos gustaría.
He buscado a muchos, a veces sin respuesta, y he aprendido que el silencio también es una forma de despedirse. La distancia, el tiempo, la rutina… nos apartan sin darnos cuenta, y cuando queremos regresar, el reloj ya no lo permite.
Si alguna vez piensas en mí y quisieras despedirte, hazlo hoy, mientras estamos vivos, aunque sea en el pensamiento. Cuando mi cuerpo regrese a la tierra, no busquen en la ausencia un lugar para el adiós; la esencia de lo que fui ya no estará ahí. Prefiero que, en vez de flores sobre una tumba, me recuerden en una carcajada, en un buen recuerdo, en algún instante sencillo donde la vida nos cruzó.
No quiero funeral, ni ataúd, ni despedidas que lleguen tarde. Quiero volver a la naturaleza en silencio, como regresan los ríos al mar: sin hacer ruido, pero dejando huella.
Si alguna vez sentiste que te hizo falta decirme algo, háblame en el viento, en tus recuerdos.
Así, aunque no podamos volver a vernos, la despedida ya estará completa.
Hay caminos que se bifurcan y despedidas que nunca encuentran su momento. A lo largo de los años, la vida me ha enseñado que el destino a veces no da permiso para volver a vernos, ni siquiera para decir adiós como nos gustaría.
He buscado a muchos, a veces sin respuesta, y he aprendido que el silencio también es una forma de despedirse. La distancia, el tiempo, la rutina… nos apartan sin darnos cuenta, y cuando queremos regresar, el reloj ya no lo permite.
Si alguna vez piensas en mí y quisieras despedirte, hazlo hoy, mientras estamos vivos, aunque sea en el pensamiento. Cuando mi cuerpo regrese a la tierra, no busquen en la ausencia un lugar para el adiós; la esencia de lo que fui ya no estará ahí. Prefiero que, en vez de flores sobre una tumba, me recuerden en una carcajada, en un buen recuerdo, en algún instante sencillo donde la vida nos cruzó.
No quiero funeral, ni ataúd, ni despedidas que lleguen tarde. Quiero volver a la naturaleza en silencio, como regresan los ríos al mar: sin hacer ruido, pero dejando huella.
Si alguna vez sentiste que te hizo falta decirme algo, háblame en el viento, en tus recuerdos.
Así, aunque no podamos volver a vernos, la despedida ya estará completa.
Hay caminos que se bifurcan y despedidas que nunca encuentran su momento. A lo largo de los años, la vida me ha enseñado que el destino a veces no da permiso para volver a vernos, ni siquiera para decir adiós como nos gustaría.
He buscado a muchos, a veces sin respuesta, y he aprendido que el silencio también es una forma de despedirse. La distancia, el tiempo, la rutina… nos apartan sin darnos cuenta, y cuando queremos regresar, el reloj ya no lo permite.
Si alguna vez piensas en mí y quisieras despedirte, hazlo hoy, mientras estamos vivos, aunque sea en el pensamiento. Cuando mi cuerpo regrese a la tierra, no busquen en la ausencia un lugar para el adiós; la esencia de lo que fui ya no estará ahí. Prefiero que, en vez de flores sobre una tumba, me recuerden en una carcajada, en un buen recuerdo, en algún instante sencillo donde la vida nos cruzó.
No quiero funeral, ni ataúd, ni despedidas que lleguen tarde. Quiero volver a la naturaleza en silencio, como regresan los ríos al mar: sin hacer ruido, pero dejando huella.
Si alguna vez sentiste que te hizo falta decirme algo, háblame en el viento, en tus recuerdos.
Así, aunque no podamos volver a vernos, la despedida ya estará completa.